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  • Carlos Astete

La autoestima es más una relación que una simple valoración


La autoestima viene siendo algo así como la capacidad de quererse a uno mismo, de gustar de uno mismo. Una condición básica que nos ayuda a darnos el apoyo necesario para enfrentar nuestros desafíos, tanto del mundo externo como en el intrincado laberinto del crecimiento personal.


En la teoría tradicional, la autoestima pertenece más bien al mundo de la psicología cognitiva, que nos señala que la autoestima deriva de una valoración que realizamos sobre una idea que tenemos sobre nosotros mismos. Esto no deja de ser cierto, pero considero que hay algo más profundo en juego.


Para mí, se trata de una verdadera relacioń de amor, algo que se tiene que experimentar, más que entender. Yo lo describiría como un hambre de ser lo que somos realmente, una llama que nos enciende por dentro y nos predispone a ser nosotros mismos frente a los demás, a salir de nuestros automatismos para que se manifieste lo auténtico.

Muchos psicólogos, filósofos han hablado sobre esto e intentaré expresar lo que para mí está realmente en juego en esto de quererse a uno mismo.


¿Te quieres?





Si consideramos que la autoestima se experimenta como una relación con uno mismo, entonces no debe ser muy diferente de las relaciones que mantenemos con los demás.

El año pasado realicé unas charlas sobre este tema, motivo por el cual escribo esta entrada, y en una parte del taller reflexionamos sobre lo que significa el querer a alguien.

Básicamente se repitieron cinco cosas:


Afecto: Lo definimos como el sentimiento mismo de querer, de tener un lazo especial con esa persona, una cercanía e intimidad que no se tiene con otras personas.


Aceptación: Cuando se quiere a alguien se le acepta tal como es, con lo bueno y lo malo. Hicimos la distinción de que a veces hay que poner límites a las personas que uno quiere, pero es un límite que, aunque puede marcar distancias, no juzga al otro, no se le deja de tener cariño a esa persona ni desearle lo mejor.


Apoyo: Brindar apoyo, estar con esa persona cuando se necesita y sentir las ganas de ayudar, de darle protección sin entrar a desvalorizar la capacidad del otro de protegerse a sí mismo.


Dedicación: Cuando queremos a alguien, tenemos un trato especial con esa persona, y cuidamos también los detalles cotidianos, las cosas prácticas del día a día.

Una vez que realizamos el listado, entonces nos preguntamos si realizamos estas cosas con nosotros mismos. Todos reconocimos que no lo hacemos muy a menudo, y que incluso nos resulta más fácil hacerlo con los demás que con nosotros mismos.

Es interesante ver esto, ya que todos supimos ver que hay un tipo de relación que tenemos hacia nosotros y otro tipo de relación que tenemos con los demás, y que al parecer tendemos a querer a otros y no tanto a nosotros mismos.


¿Cómo es esto de relacionarse con uno mismo?





El hecho de reconocer que existe una forma de relacionarnos con nosotros mismos es bastante extraño. ¿Cómo es posible que esto ocurra? Al parecer, nos experimentamos como si fuésemos dos personas separadas. Una con la que nos identificamos, y otra que puede querer o no a esa persona que somos.


¿Cómo lo podemos explicar?


Básicamente a través de las teorías de la personalidad. Gran parte de las teorías psicológicas han concluido que todos tenemos una identidad, un “yo” al que todos podemos hacer referencia y que determina la forma en que nos vemos.


Pero este yo, no abarca la totalidad de la persona, sino que más bien es una identidad que hemos construido. Existen varias teorías, pero yo me quedo con una explicación que da el Dr Claudio Naranjo, que se basa en las ideas del psicoanalista Wilhem Reich para decir que la personalidad aparece como respuesta a una falta de contacto con el propio ser.


En palabras sencillas, podemos decir que al nacer tenemos por naturaleza una conexión profunda con nuestro ser, que se ve interrumpida cuando el niño comienza a darse cuenta de que es un individuo separado de los demás, y que depende de sus cuidadores para su propia supervivencia.


Para salir de esta situación, entonces el niño comienza a desarrollar estrategias para controlar la atención de sus padres. Por ejemplo, el niño descubre que para llamar la atención de los padres debe chillar y hacer pataletas. Como esto le va dando resultados, lo repite tantas veces que va perdiendo el contacto con su ser más genuino y se va identificando con esta actitud de rebelde, ya que esta actitud le hace sentir seguro.


Así nace un patrón, por ejemplo el de las personas rebeldes, que consideran que todo es injusto, desconfían de la autoridad y siempre están criticando y haciendo ruido a su alrededor. Llaman la atención de todas las personas a su alrededor, pero generan mucha incomodidad y muchas veces obtienen como resultado la soledad. Esto les lleva a ser todavía más rebeldes, porque es la única herramienta que les da seguridad para acercarse a los demás, aún cuando en el fondo les perjudica.


Todos tenemos estos puntos ciegos, todos insistimos en nuestros patrones aunque los resultados son cada vez peores.


Podríamos decir que nuestro ser esencial es como nuestro telón de fondo, pero no contactamos realmente con este ser ya que lo hemos dejado en el olvido. Y nuestra identidad es esa máscara que nos ayudó a sentirnos seguros, y que mantenemos en el presente por un olvido de nuestra autenticidad. El pediatra y psicoanalista Winnicot lo llamó el falso self.


Nos relacionamos con nuestra autenticidad desde ese falso self. Cuando no nos queremos, cuando no aceptamos ni atendemos a nuestras necesidades auténticas, es porque nuestro falso self está muerto de miedo de volver a nuestro ser auténtico y se resiste a ser “esa otra persona”, a la cual desprecia.


Si quieres una explicación más profunda sobre el desarrollo de la personalidad y cómo afecta en la salud mental, puedes leer esta otra entrada donde profundizo sobre el tema de la personalidad.


¿Por qué es tan difícil salir de la propia personalidad?


Como esta personalidad falsa se trata de una estrategia de supervivencia del niño, para su psiquis era muy peligroso alejarse de estas estrategias. Por este motivo desarrolla una suerte de guardia que vigila que la conducta del niño se mantenga siempre en esa línea.





Por continuar el ejemplo, el niño que se identificó con la actitud rebelde, cada vez que el niño se enfrente a la situación de dejarse llevar por las normas de otros, saltará su guardia y le dirá “cuidado, si cumples las normas nadie se va a enterar de qe existes y esto es muy peligroso, haz algo fuera de las normas para llamar la atención” Y cuando el niño recibe la llamada de atención de sus cuidadores, e incluso el castigo, inconscientemente se va a tranquilizar, porque así es como él se siente seguro y protegido.


Entonces, el camino de regreso a nuestra existencia más auténtica no pasa tanto por obligarse a ser de una manera, sino más bien a comprender que tenemos un guardia dentro que se asusta bastante cada vez que intentamos cambiar nuestra personalidad.


Podemos sentir temor, angustia, desesperación, vergüenza. Son reacciones que se despiertan cuando nos alejamos de esa personalidad con la que nos hemos identificado.

Es interesante observar que las mismas reacciones aparecen cuando nos dejamos sentir, cuando intentamos permitir que aparezca lo espontáneo que hay en nosotros.


¿Cómo podemos volver a lo espontáneo y comenzar a querernos?




1- Para empezar a querernos primero hay que entender que no tenemos la culpa ni somos malas personas por habernos aferrado tanto tiempo a nuestros patrones (que estarán con nosotros toda la vida). Es más, cuando somos capaces de trascender un patrón, ellos nos traen grandes regalos que podremos utilizar para ayudar a los demás.

Está en todos los mitos de los héroes, cuando ellos superan un obstáculo, siempre encuentran algún objeto, alguna habilidad que les hace más fuertes, como la piel del León de Lerna con la que hércules se protege.


2- Hay que entender al guardia, no luchar contra él. Hacerle cariño y comunicarle que nadie lo va a destituir de su rol, pero que tiene que dejar espacio a nuevas partes de nuestro ser. Que ya no somos ese niño indefenso al que tanto ayudó.


3- Apoyar incondicionalmente una incansable búsqueda por nuestra felicidad. Lo primero, más fácil y más necesario es comenzar a realizar cosas que disfrutemos de verdad. Cosas sencillas, absurdas, sin sentido, que nos hagan disfrutar de verdad. ¿Por qué es tan necesario? Por que nuestra esencia se manifiesta en lo que disfrutamos, en lo que nos trae felicidad. Desde ahí se irá dando paso a nuevos proyectos más grandes y significativos para nosotros, pero hay que empezar por lo sencillo, lo más espontáneo y cercano a nuestra realidad inmediata.


Ver todas las películas de un director que te encanta, salir a dar paseos todas las tardes, ir a bailar tango, ¿Un curso de cocina?, jugar con tus hijos... Lo que sea que te atraiga ahora y que no represente un esfuerzo titánico. Si exige mucho esfuerzo, estás en la mente buscando gratificación en el futuro. Tiene que salir del cuerpo, del goce por la actividad en sí misma. Eso sí, te lo tienes que tomar muy en serio, hacerlo con frecuencia y no transar interrupciones, es tu momento.


A partir de ahí, irás aprendiendo cosas, te irán tocando cosas, recordarás algo, te emocionará otro tema. A partir de ahí se inicia el encuentro hacia nuestra parte más auténtica. Para profundizar en este tema de volver al instinto, te dejo esta otra publicación.


4- Aceptar y expresar todas las emociones, buenas o malas. Confiar en ellas, son parte de nuestro ser auténtico. Trascender un patrón no es apagarlo o bloquearlo, de esta forma volverá un día con más violencia. Es aceptarlo, permitir esas emociones molestas, darles un lugar, dejar que se desahoguen y continuar ruta.


Mejora esa relación contigo misma o mismo, comienza ya. Es un camino que nunca deja de crecer.


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Un abrazo.

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