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  • Carlos Astete

El importante papel del instinto en nuestras vidas y cómo seguirlo.


Mi gran religión es creer en la sangre, en la carne, y en ser más sabio que el intelecto. Nos podemos equivocar en nuestras mentes, pero lo que nuestra sangre siente, cree y dice, es siempre verdad. El intelecto es solamente un freno.
¿Qué me importa la ciencia? Todo lo que quiero es responder a mi sangre directamente, sin frívolas intervenciones de la razón o la moral. Yo concibo el cuerpo de un hombre como una llama, como la llama de una lámpara siempre vertical, siempre fluyente, y la inteligencia es solo la luz esparcida sobre las cosas que le rodean.
No estoy interesado en las cosas que me rodean, sino en el misterio de la llama siempre ardiente, llegando de ninguna parte, manteniéndose ella misma en sí, frente a cualquier cosa que alumbre.
D.H. Lawrence.

Esta primera cita de D.H. Lawrence expresa de forma magistral lo que me fascina sobre la experiencia humana. Esa llama siempre ardiente, llegando a ninguna parte, esa llama que tenemos todos, que está antes que nuestra mente. Desde mi perspectiva, esa llama es lo que nos une a todo lo existente, y nuestra instintividad es la expresión de esa unión.





No tenemos una explicación absoluta sobre la vida, que se mueve desde hace millones de años y cuyo origen, que el big-bang describe pero no explica, nos sigue siendo totalmente desconocido.


¿Qué tenemos?


Tenemos la experiencia de estar vivos. Millones de laberintos, que cada uno va recorriendo a su manera, cada cual con sus metas, preferencias, alegrías, tristezas, sin saber realmente hacia dónde vamos.


Y en ese no saber hacia dónde vamos, es cuando el instinto aparece lleno de luz. Para mí, el instinto es la expresión de un principio vital que está en nuestro cuerpo, en toda la naturaleza, en todo el cosmos.


Cuando las personas empiezan a seguir el instinto, sienten que comienza a ocurrir “magia” en sus vidas. Yo mismo lo he experimentado, y no me lo explico como algo mágico o de una dimensión paralela, sino como algo mucho más sencillo.


Por qué nos hace bien seguir el instinto.


Sin ser científicos, cualquiera puede darse cuenta de que en la naturaleza existen ciertas leyes, muy sencillas de entender aunque escondan procesos muy complejos. Una de ellas es la ley del equilibrio y la armonía.






Todo en este mundo tiende al equilibrio. Tenemos un día y una noche, frío y calor, etc. y estas fuerzas en apariencia opuestas, dependen la una de la otra, como en una especie de danza perfectamente equilibrada.


Lo mismo ocurre dentro de nosotros de forma natural. Pero nuestra cultura nos ha enseñado a guiarnos por la razón, que no se conecta con nuestro cuerpo, con nuestras emociones, y nos hace perseguir cosas que son verdaderamente disparatadas para la persona que realmente somos.


Cuando sigues a tu instinto te equilibras, encuentras las cosas que necesitas para estar mejor contigo mismo o misma, y desde ese lugar encuentras la claridad y confianza necesarias para construir una vida más significativa y plena.


Yo mismo he sido testigo de esto, por ejemplo bailando. Una de las cosas que me gusta hacer es salir a bailar y hacerlo libremente, disparatadamente. Lo que suele llamar mucho la atención de la gente que baila cerca de mí, pero que resulta tremendamente enriquecedor para mí y para mis amigos, que me siguen el juego.


Cuando hay una intención terapéutica, esto es mucho más potente porque no se queda en una anécdota, sino que podemos elaborar nuestros descubrimientos y llevarlos de forma consciente a nuestras vidas.





En contextos terapéuticos he experimentado la riqueza de la danza libre, así como del teatro, la pintura, el clown, y sobre todo, del juego. En la actividad lúdica podemos construir junto a otras personas, una serie de eventos que son totalmente instintivos y que nos encienden por dentro, ayudándonos a experimentar la libertad, la fuerza, la tristeza, el cariño, la rabia, el cuidado, la sensualidad... de forma nutritiva.


En estos movimientos instintivos atraemos y recreamos asuntos que necesitamos expresar en nuestra vida cotidiana y esto nos hace bien. Restaura en nosotros una nueva actitud que luego podemos llevar a nuestra vida cotidiana.


Cómo volver al instinto




Me permito hacer un recetario basado en mi experiencia y mi criterio. Toma lo que te sirva, compleméntalo, comparte nuevas fórmulas en los comentarios, etc.


1- El instinto es sencillo y yo lo resumo en dos simples movimientos (como todo en este planeta): atracción o aversión. Entonces, lo primero para acercarnos al instinto es tomar conciencia de las cosas que nos atraen y de las cosas que nos generan rechazo. Así es como se manifiesta nuestra instintividad.


2- Sin buscar explicaciones, sin pedirle permiso a la “lógica”, comienza a hacer cosas solo por el hecho de que te cause placer hacerlas. Aunque sean tonterías, mejor si es una completa tontería sin ninguna importancia. Coger tu comida de una manera extraña, hacer alguna mueca mientras hablas con alguien, caminar de una forma distinta. Date el permiso y déjate llevar. Verás que te causará mucho placer y a nadie le va a importar.


3- Sin darle la menor pleitesía a esa deidad llamada “sentido común”, deja de hacer o de recibir cosas que no te gustan. Si es algo absurdo y sin sentido, mejor todavía. ¿Te aburres mientras caminas? Inventate una manera más entretenida de caminar ¿Te da rabia alguna situación? Invéntate un rap, cántalo y vé que pasa. ¿Te aburre esa lectura tan importante para que seas mejor persona? Déjala, tu camino o va por ahí.


4- Comienza por lo poco. Si vamos en búsqueda del trabajo soñado, o de la pareja soñada, estamos soñando, no estamos con el instinto. Empieza por lo cercano, lo que puedes sentir al instante. El simple placer, el simple rechazo, muévete desde ahí. Si haces pequeños gestos que te agraden en el día, te irás alegrando, irás cogiendo confianza para llevarlo a mayor escala, se irá dando solo. Con el tiempo, muchas grandes cosas de tu vida comenzarán a moverse. Sobre todo, no subestimes lo absurdo, lo absurdo rompe con nuestros moldes y nos llena de vida.


5- Confía en tus emociones, se cariñosa o cariñoso contigo, acéptate y ten confianza en el proceso. Por ejemplo, si sientes rechazo a tu trabajo, pero te da miedo dejarlo, o bien no es el momento de hacerlo, no tienes que hacer nada. Basta con que veas tus emociones, que pueden ser rabia, asco, miedo, tristeza. Abrázalas, acéptalas. Son parte de tu existencia, y agradece por mostrar que tu camino no va por ahí. No desesperes, y no dejes de apoyar a tu lado más instintivo en tu día a día, que te llevará a tu autenticidad, a tu felicidad más profunda.


6- Tarde o temprano, el instinto siempre nos pone en jaque contra nuestra seguridad, contra nuestros patrones que nos cierran a la vida (En este artículo sobre la autoestima profundizo en este problema). Toma conciencia de tus patrones, acéptalos, y atrévete a trascenderlos. Déjate llevar hacia ese misterio, a esa frontera desconocida, el vacío fértil donde todo es posible, donde espera la alegría de ser, de vivir esta gran aventura.


Espero que este artículo te haya despertado la curiosidad por seguir tu propio instinto. ¿Te ha resultado útil? Deja un comentario.


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Un abrazo.

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